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Ingeniería sísmica

Cómo tiembla Guayaquil: qué es la microzonificación sísmica y por qué importa

Por qué el mismo terremoto se siente distinto en cada sector de Guayaquil, qué es la microzonificación sísmica de la ciudad y qué significa para quien construye.

Registros de aceleración del terremoto de 2016 en estaciones de la costa ecuatoriana, incluidas las de Guayaquil
Registros del terremoto del 16 de abril de 2016. Las estaciones sobre arcilla en Guayaquil amplificaron el movimiento.

En el terremoto de 2016, Guayaquil estaba a unos 170 kilómetros de la zona donde se rompió la falla. Aun así, la ciudad lo sintió con fuerza, y no de la misma manera en todos sus barrios. La razón no está en la distancia, sino debajo de nuestros pies.

El suelo amplifica el terremoto

Cuando las ondas sísmicas viajan por la roca y llegan a un depósito de suelo blando, se frenan, se acumulan y crecen. Es un efecto parecido al de una gelatina sobre una mesa que se sacude: la mesa se mueve poco, pero la gelatina oscila mucho más. Gran parte de Guayaquil, Samborondón y Durán está construida sobre arcillas blandas de origen deltaico y estuarino que pueden superar los 30 metros de espesor. Ese es el escenario perfecto para que un sismo lejano se convierta en un movimiento importante en la superficie.

En el terremoto del 16 de abril de 2016, la aceleración registrada en roca en Guayaquil fue de apenas 0,03 a 0,04 g. En las estaciones ubicadas sobre arcilla, la respuesta espectral llegó a ser hasta nueve veces mayor. Mismo terremoto, misma ciudad, un movimiento muy distinto según el suelo.

Qué es una microzonificación sísmica

Una microzonificación sísmica es un mapa que divide la ciudad en zonas según cómo responde su suelo durante un terremoto. Para elaborarla no basta con mirar la geología superficial: hay que perforar, medir la velocidad con la que las ondas de corte atraviesan cada estrato y modelar miles de escenarios sísmicos.

La microzonificación de Guayaquil, dirigida por Xavier Vera Grunauer, comenzó en 2004 y fue adoptada por la Secretaría de Gestión de Riesgos en 2014. Se apoyó en 54 sitios explorados con perforaciones, ensayos CPTu y métodos geofísicos, 445 mediciones de vibración ambiental, perfiles de velocidad de hasta 170 metros de profundidad y 19.602 análisis de respuesta sísmica.

El dato que más importa: el periodo del suelo

Durante años, la práctica internacional clasificó los suelos con un solo número: la velocidad promedio de las ondas de corte en los primeros 30 metros, conocida como Vs30. La investigación en Guayaquil mostró que ese número es necesario, pero no suficiente. Dos sitios con el mismo Vs30 pueden tener periodos de vibración muy diferentes, porque lo que controla la respuesta es el espesor total de la arcilla y el contraste con la roca que está debajo.

Cada suelo tiene un periodo propio de vibración, igual que cada edificio. En Guayaquil ese periodo va desde unos 0,7 hasta cerca de 2 segundos según el sector. Cuando el periodo del edificio se acerca al del suelo, ambos entran en resonancia y la demanda sobre la estructura se dispara. Como lo resumió en su conferencia de 2026 en la Universidad de California, Berkeley: un sitio no responde según su promedio, responde según su periodo.

Qué significa para quien construye

Para un promotor, un diseñador o un propietario, la conclusión es práctica. Antes de definir la estructura y la cimentación de un edificio en Guayaquil conviene conocer tres cosas del terreno: el tipo de suelo según la Norma Ecuatoriana de la Construcción, el periodo fundamental del sitio medido en campo y, en suelos blandos o de alto riesgo, un análisis de respuesta de sitio específico.

Ese conocimiento no encarece el proyecto; normalmente lo abarata. Diseñar con datos reales evita sobredimensionar cimentaciones donde no hace falta y, sobre todo, evita quedarse corto donde el suelo amplifica. Es la diferencia entre construir con un promedio y construir con el suelo que realmente tiene el terreno.